Recuerdo la segunda
vez que estuve en Iquitos con especial cariño. Fue a inicios del 2001 y en esa
ocasión había ido a hacer entrevistas para un proyecto que iniciaba ese año.
Tenía 12 años menos y mucha curiosidad y tendencia al riesgo. Actualmente y
cuando lo pienso, creo que buscaba situaciones arriesgadas pues deseaba sentir
miedo. Y vaya que en esa ocasión casi me cuesta muy caro el buscar este tipo de
emociones.
Un personaje extravagante y una oferta arriesgada
Una de estas
entrevistas se la hice a un peluquero muy conocido en el Iquitos de esos años.
Lo llamaré Dennis. Él no era muy alto, algo gordito, vestía con todos los
colores posibles y era la envidia de cualquier letrero para fiestas chicha, sin
embargo, lo que llamaba la atención de su aspecto era el rubio intenso teñido
de su cabello. Dennis era todo un personaje, pues a pesar de ser muy femenino,
era perseguido por mujeres de todas las edades. Incluso me comentó que una
viuda se enamoró de él, se casaron y le
compró el salón y la casa en las que actualmente trabajaba y vivía. Era divertido
y fascinante escucharlo pues conocía todo acerca de Iquitos, sus costumbres,
los lugares a donde mucha gente iba pero nadie se permitía decir que lo hacía,
Dennis conocía los huecos más recónditos de la ciudad y en todos lados era
conocido. Entre sus historias me comentó
acerca de la vida nocturna de Belén. La ciudad construida sobre el barro y agua
y en donde al caminar podrías ver las populares casitas de techos de paja y
patas de madera que siempre veía en las fotos y postales que inmortalizaban la
ciudad loretana.
Belén de día era un
lugar en donde podías hacer mercado y comprar toda clase de víveres, frutas y
pescado a buen precio. Siendo una zona muy pobre, hasta la actualidad los
pobladores de la zona alta recomiendan evitar Belén por lo peligroso que podría
ser, incluso de día. Me contaron historias acerca de bandidos que asaltaban con
machetes y que siempre estaban a la espera de ver gente nueva. Dennis me
contaba que de noche se armaban diversas tragotecas (bares) llenos de luz,
música y que la gente de Belén se olvidaba de la pobreza y las carencias
diarias y se dedicaban a divertirse. Me contaba que era muy difícil bajar, pues
incluso la mayoría de los iquiteños jamás había pisado Belén, pero que a él lo
conocían y respetaban y que si yo quería él me podría llevar.
Mi curiosidad era muy grande y acepté sin pensarlo dos veces. Esa tarde, todo a quien le contaba que estaba emocionado por mi futura travesía, no dudaba en tratar de hacerme desistir de la idea diciéndome que el lugar era muy peligroso. Por un lado pensé que exageraban la situación pero por otro lado, creo que siempre estaba latente esa necesidad de buscar nuevas emociones.
Oscura travesía, colorido destino
Esa tarde me reuní con
Dennis, quien estaba acompañado de un gordito grandote a quien me presentó como
Pepe y quien al parecer ya tenía algunas horas de haber estado tomando alcohol.
Los tres tomamos un motocar, quien nos llevó a través de un camino que iba de
bajada hacía Belén. Dicha bajada era solitaria y oscura y por momentos se me
apetecía similar al camino que atravesó Jonathan Harper, para llegar a la
mansión del conde Dracula.
El motocar llegó ante
dos enormes montículos de basura, detrás de ellos había un pequeño riachuelo,
que no era más que el desagüe de la ciudad y al que debíamos atravesar a través
de una temblorosa madera. El motocarista
sólo llegaba hasta ahí y el resto del camino lo haríamos a pie. Luego de
atravesar la madera y llegar al otro lado, caminamos muy poco y se presentó
ante nosotros una especie de feria formada por dos hileras de kioskos decorados
con luces multicolores y de donde provenían canciones de diverso tipo y a todo
volumen. Cada Kiosko tenía bancas y gente tomando, bailando y cantando. El
trago que era solicitado por excelencia era el popular cola de mono. Este era
servido en jarrones y los había en diversos sabores. Cada jarra costaba 3 soles
y la bebida era muy agradable y dulce, pero era de esas engañosas que se van
subiendo a la cabeza sin que te des cuenta. Denis nos dijo que los mejores eran
“el chino” y el “number one” y a ellos comenzamos a ir.
Entrando al corazón de Nunca Jamas
La gente que se
divertía era tal cual me lo habían comentado. Por lo general eran delincuentes,
mezclados con pobladores comunes y corrientes de la zona de Belén. Sin embargo,
la presencia de Dennis me daba cierta seguridad pues todos lo conocían y le
saludaban. Dennis a su vez, me presentaba con todos y les decía que yo era “Su
amigo psicólogo de Lima y que trabajaba en una gran organización de salud” y
todos me saludaban atentos mientras Dennis los miraba con el pecho hinchado de
orgullo.
Conocí a diversas
personas esa noche. Entre las personas que me presentó Dennis había un pequeño
y delgado muchachito de ojos grandes y facciones finas. Lo llamaré Leo. El
muchachito no llegaba ni a los 17 años y me miraba con curiosidad hasta que
finalmente se me acercó y me pregunto si realmente yo era psicólogo. Le dije
que sí. Y me dijo que quería un consejo. Me contó que era el menor de 16
hermanos. Todos ampliamente conocidos en la ciudad por ser parte de una banda
de maleantes, los más peligrosos y violentos que se conociera en la ciudad. Me
contó que por eso todo el mundo le respetaba, pero que él no quería seguir ese
camino. Obviamente le dije que el único que podía decidir sobre su vida era él
mismo. Pero a esto me dijo que él deseaba ser mujer, que se veía en trajes
femeninos, bailando y haciendo shows como los que veía en la TV. Me preguntó si
eso estaba bien y si él era normal. Le explique que había personas que habían
nacido con un sexo pero que después descubrían que su alma era del otro y que
esto no era malo ni anormal, simplemente era diferente y que cumplir su sueño
solo dependía de él. Leo me miraba con ojitos incrédulos cuando Dennis me
agarró del brazo y me llevó a otro grupo para seguir presentándome amigos. Con
un gesto le hice señas a Leo de que después le buscaría para seguir hablando
mientras era arrastrado hacía el “Number one”.
En la boca del lobo
Viendo avanzada la
noche decidí que lo mejor era salir de ahí y se lo comenté a Dennis. Sin
parpadear ni dejar de tomar y muy tranquilamente Dennis me dijo que yo no
saldría de ahí hasta ser suyo. Al escuchar esto, lo tome a broma y comencé a reír
en un tono de “ya pues compadre, habla en serio” pero mi risa se quedó
congelada al ver que Dennis había dejado el vaso de licor y me miraba
fijamente. Sus ojos antes amables y divertidos, ahora estaban empañados en una
combinación de borrachera y lujuria y lentamente me dijo “¿Por qué crees que te
traje a este lugar?”. Y como si estuviera en una pesadilla volteé la cabeza
hacía la salida de aquella zona y todos los amables y divertidos borrachines me
miraban fijamente como esperando que comenzara a tratar de salir. Trate de
buscar a Pepe, a quien divisé totalmente borracho, tirado en el piso y a quien
ya le habían desvalijado de su gorra, zapatillas y billetera. Volví a mirar a
Dennis, y me resultaba irónico ver a esa combinación de Gisela Valcárcel con Yola Polastri y cuya ridícula presencia contrastaba con su
terrible sonrisa, una sonrisa que pretendía decirme que ahora yo estaba en su
poder y que no podría salir de ese lugar sin aceptar sus requerimientos.
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1 comentario:
Urgente, necesito publiques la continuacion ya que no pensaras dejarme asi... Me muero.
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